11.7.13

Desmontando la pereza

(Texto y fotografías: Laura Muñoz Hermida)


DESMONTANDO LA PEREZA
Los perezosos siempre hablan de lo que piensan hacer, de lo que harán; los que de veras hacen algo no tienen tiempo de hablar ni de lo que hacen.
(Goethe)


Vicio SN.
Pecado.
Perdición. 
Solo será capital si es capaz de dar origen a otros. Su magnitud no importa... 
¿Eres tú, Pereza?


William C Gordon
Mi padre era un enano emocional, sinvergüenza y mujeriego

Vestido de negro riguroso y tocado con sombrero del mismo color, William C. Gordon llega a Semana Negra con esos ojos azules que se clavan amables en el que se atreva a observar en su atuendo tan cine negro de los años 20. Bajo el brazo, la vida y hazañas de Samuel Hamilton en "Duelo en Chinatown", "El rey de los bajos fondos" y "El enano". 
Ejerció de abogado, fue propietario de un bar durante 25 años y también oficial del Ejército de los Estados Unidos. Regentó un bar durante 25 años. La "culpa" de su vena artística le toca a su mujer: Isabel Allende. Ella le impulsó, dice, a escribir novela negra.
Es considerado por la crítica como el superviviente del género en estado puro, pues custodia la combinación de claves de la novela negra y en sus obras recupera el estilo y tono de los años sesenta. Odia incluir las nuevas tecnologías en sus obras como medio para resolver los casos policiales que plantea: sus protagonistas no necesitan un informe de ADN, un ordenador o un teléfono móvil. Hablan. Se comunican y descubren. (Re)unen pistas y sacan conclusiones. Todo está, dijo, en hacer un uso inteligente de la cabeza para ir dando respuestas a los interrogantes e ir resolviendo la trama para poder, finalmente, descubrir al asesino.
Quiso que Samuel Hamilton, protagonista de sus novelas, fuera periodista y no policía o investigador privado  justo para prescindir de la tecnología en las investigaciones que le hace llevar a cabo. Lo crea, en "Duelo en China Town", medio desangelado, tocado por la ruina y regado por el alcohol. Un protagonista que se siente y muestra fracasado. Es a partir de la segunda novela que Hamilton comienza a reaccionar cuando su vida mejora, siendo fácil para el lector notar la evolución del personaje en ese sentido. 
Asegura, parafraseando a Hemingway, que "toda novela es de algún modo autobiográfica" y su ejemplo más claro es "El enano", donde retrata a su padre que tildó de "enano emocional, sinvergüenza y mujeriego". En esa misma ficción, sitúa el personaje de la bruja amante del enano, inspirado en la asistente de su padre. Gordon es muy claro cuando declara que lo hizo por "venganza, porque la odiaba". No puede contener la sonrisa cuando acepta que el resultado no es el que esperaba: los lectores han manifestado su simpatía por el personaje a pesar de la mala imagen que él quiso que percibieran.


Se dirige a PITII, conductor de esta rueda de prensa, como "maestro" y no recuerdo ningún momento en que una sonrisa no estuviera entre sus palabras. 



Susana Hernández y Carolina Solé

Segundo round en los bajos del Hotel Don Manuel para escuchar dos voces femeninas: Hernández y Solé. Susana y Carolina. Las dos catalanas y ambas con sus últimos trabajos bajo el brazo. Las acompaña Paco Ignacio Taibo al principio y Ángel de la Calle después.



Susana Hernández trae la continuación de "Curvas peligrosas": "Contra las cuerdas" (Editorial Alrevés), la primera de una serie que protagonizan Miriam Vázquez y Rebeca Santana, dos subinspectoras. En esta segunda parte de la saga, Susana coloca a sus protagonistas a la búsqueda y captura de un asesino y violador donde surgen y mezclan conflictos emocionales.




En el caso de Carolina Solé, editada por Planeta, estamos ante el bautizo de su primera novela: "Ojos de hielo". Solé ha optado, valiente, por un escenario rural, en un valle. Ha obviado lo urbano que reconocemos como policial con esta publicación de apenas 4 meses de edad.
Carolina narra, en 700 páginas, el asesinato de un terrateniente, ubicando a sus personajes en diversos y numerosos enfrentamientos.



Tras las ruedas de prensa, un rapto. Gordon, William. Su sombrero, la playa. Palabras y conversaciones. La escena de un crimen.




Terminada la sesión, el programa semanero continúa. Cargadito. Milimetrado. Mesas redondas, presentaciones, encuentros literarios y entrevistas.



Carolina Solé presenta "Ojos de hielo"


Susana Hernández y su "Contra las cuerdas"
"La estrategia del pequinés" de Alexis Ravelo. Presenta Fran Sánchez
"Blue Christmas" de José Luis Correa
Víctor del Árbol presenta "Respirar por la herida"
Félix de la Concha entrevista y pinta a Juan Madrid
Encuentro con William Gordon


Pedro Salmerón y "La cabeza de Villa". Presenta PIT II


Mesa redonda Ahora Latinoamérica en género negro


Edwin Umaña, Rodolfo Santullo, Juan Carlos Chirinos y Horacio Convertini
Mesa redonda Nuevos formatos, jóvenes autores
Guillermo Saccomanno presenta "Cámara Gesell"


Y para no perder ni cambiar costumbre, a descuartizar secretos y vicios ajenos:

¿Desmontemos a l@s perezo@s!
Novela/ensayo/antología que no hayas sido capaz de terminar o que no te ha “llamado” para comenzar a hacerlo.


Fernando Marías: "Conversación en la catedral". Lo intenté una sola vez, no me excitó lo suficiente como para volver a intentarlo.

Marcelo Luján: No pude terminar Luz de agosto, de Faulkner. Siempre vuelvo a interntarlo y siempre vuelvo a fracasar.


Juan Carlos Chirinos: Sin duda, El jinete polaco, de Antonio Muñoz Molina: siempre, cuando voy por la página cien, me doy cuenta de que, literalmente, no he entendido nada.


Alfonso Mateo Sagasta: En busca del tiempo perdido. Sólo leí los dos primeros volúmenes en la edición de Alianza. Es una asignatura pendiente.


Horacio Convertini: Como autor: tengo a medio escribir una novela que se llama “Diez rounds”. La idea ya fue un guión de cine, una mención en “La soledad del mal” y ahora es un borrador de ochenta páginas que no avanza. Abandoné al protagonista cuando llega a su pueblo dispuesto a pelear por su vida y por un botín millonario. Y jamás pude avanzar. Igual, la historia sigue viva en mi cabeza. Como lector: “Rayuela”, de Cortázar. El truquito de poder leerla siguiendo cualquier orden de capítulos ya me enfrentaba a una noción de caos que superaba mi modesta inteligencia. Y las primeras páginas tampoco me enganchaban.

Ernesto Mallo: Durante por lo menos 15 años comencé no menos de diez novelas que se me morían en la página 40.

Rodolfo Santullo: Buf, decenas. Tengo en espera tantos títulos que para qué enumerar. Me está dando vueltas en la cabeza escribir un western ambientado en el Uruguay de 1955, un ensayo sobre la historieta uruguaya posdictadura, varias novelas gráficas, en fin, de todo.

Lorenzo Silva: La integral de Dan Brown.

Juan Miguel Aguilera: “El Señor de los Anillos”, de J. R. R. Tolkien. Lo he intentado muchas veces, y cada vez consigo llegar un poco más lejos, pero finalmente desisto. Y lo peor es que estoy convencido de que es una gran novela, así que sin duda el problema es mío.

Alberto González Ortiz: Todas las grandes novelas rusas, por dos razones: por ser, en general, novelas de grandes proporciones (cosa que cada vez aguanto menos) y por tratar, de nuevo, en general, de temas y personas a las que nunca saludaría si tuviera ocasión.

Víctor del Árbol: No he podido acabar nunca el Ulises de Joyce. En realidad, apenas he logrado pasar del primer tercio. Lo he intentado en distintas etapas de mi vida, pero nunca me ha hecho sentir nada emocional.

Carolina Solé: Novela/ensayo/antología que no hayas sido capaz de terminar o que no te ha “llamado” para comenzar a hacerlo.
Una confesión: hace años acababa todo lo que empezaba, por principio. Desde que cumplí los cuarenta decidí que la vida es muy corta, que me va quedando menos tiempo para perder. Así que, si no me atrapa, lo dejo, sin culpa ni arrepentimiento, porque tal vez simplemente no sea el momento de ese libro. Para leer necesito un estado mental y emocional determinado. A veces no se dan las circunstancias para disfrutar ciertas lecturas.

Edwin Umaña Peña: Las últimas novelas de Vargas Llosa, es decir, todas las que ha publicado desde 1990.

Félix Ángel Moreno: Algunos de los relatos de Borges. Tienen  la virtud de producirme dolor de cabeza.

Luis Artigue: Me aburre todo de James Joyce salvo el último cuento de Dublineses.

José Javier Abasolo: "Mazurca para dos muertos", de Camilo Cela, y uno de Lucía Etxebarría que, si no recuerdo mal, se titulaba "Lo verdadero es un momento de lo falso". También me ha ocurrido recientemente con una primera novela de un joven escritor, pero prefiero no citarle. Creo que quienes están empezando se merecen el apoyo y la indulgencia que los demás también tuvimos cuando publicamos nuestras primeras novelas.

Sergio Mira Jordán: Lo intenté en mi adolescencia con El señor de los anillos; pude terminarme la primera parte a duras penas, pero ya no pude seguir más allá. Desde entonces, soy más selectivo con lo que leo.

Emilio Bueso: Todavía no me he leído entera, de cabo a rabo, una de las mil compilaciones de relatos que hacemos los autores del panorama nacional de la literatura de género: siempre que abro un libro de esos acaba apareciendo, más tarde o más temprano, un cuento que me niego a terminar... La cosa está empezando a mosquearme, habida cuenta de que yo mismo he integrado media docena de iniciativas de esas.
¿Novelas que yo no haya terminado? Pues... La gran mayoría de las que abro.

Laura Estévez: Casi hasta me avergüenza decirlo, sobre todo porque desde bien joven he sentido predilección por la literatura hispanoamericana, pero he sido incapaz de pasar de la página 20 de "Cien años de soledad". Lo he intentado más o menos una vez al año desde los 15 ó 16, y he decidido que algún día me llamará... o no.

Eloy M. Cebrián: "Cómo hablar de los libros que no se han leído", de Pierre Bayard. Sin embargo, creo que es un libro magnífico y lo cito con frecuencia.

Rafael Marín:  Desde Los pilares de la Tierra a Millenium... docenas.

Carlos Quílez: El codigo da Vinci. 

Ignacio del Valle: Faulkner me parece un pesado.

Dolores Redondo Meira: Ulises de Joyce...lo terminé, por una cuestión puramente formativa.... Pereza.

Jon Arretxe: Una vez que he comenzado una lectura, me fastidia dejarla, así que me obligo a mí mismo a acabarla, aunque sea un suplicio, dándole la oportunidad de que en algún momento llegue a sorprenderme.

Javier Negrete: El “Ulises”. Pese a las recomendaciones de un par de amigos, me da una pereza tremenda. (Además, a cambio de esas dos recomendaciones debo tener unas treinta antirrecomendaciones…).

Susana Hernández: Un montón, me temo.

Andreu Martín: Ulises de Joyce y muchos, muchos otros. 

Pedro Tejada Tello: Puf, muchas, porque el tiempo no está para perderlo entre costuras o a la sombra de Grey. Todo lo que huela a best seller me echa para atrás.


Sabine Hofman: La verdad es que hay muchos, entre ellos Ulysses de James Joyce, Die Theorie des kommunikativen Handelns de Habermas. 

Rosa Ribas: Hay muchas. Pero ya que estamos de confesión de pecados, reconoceré que me dan una pereza tremenda los escritores nórdicos de novela negra.

Noemí Sabugal: Camino, de Escrivá de Balaguer. No soy capaz de pasar del aforismo veintidós, no sé por qué.

Alexis Ravelo: Muchísimos. De entre los más prestigiosos, las novelas de Proust siempre se me han caído de las manos.

Ana Merino: Pufff...Nno me acuerdo... Los libros que no he sido capaz de terminar, no soy capaz de recordarlos..

Susana Vallejo: Muchos. Los he olvidado. Tengo una RAM muy limitada.

Gonzalo Garrido: Muchas. Todas las de Pío Moa, por ejemplo. 

Miguel Barrero: Hacia el invierno de 2001, y muy tímidamente, comencé a esbozar una novela que sólo pude terminar hace unos meses. Creo que 12 años no es mal promedio.


Silvio Galizzi: Ulises de Joyce.

Guillermo Saccomanno: Los de Pereda.



Infinitas gracias a todos los rehenes que, queriendo o sin querer, (me) pusieron el secuestro fácil.



"El jefe" vuelve a Gijón


(Texto Carmen Moreno)

Veo a Paco Ignacio Taibo II paseando por el recinto de Semana Negra. Me acerco a él y le pregunto si podríamos hablar cuando tenga un hueco. Inmediatamente, me sonríe y me propone hacer la entrevista en ese mismo momento. Sólo hay un condición: dejarle un segundo para que pueda comprar una Coca-Cola.

Es obvio que "el jefe" está contento, está relajado. Nunca antes, debo confesarlo, había visto una sonrisa tan blanca y tan abierta en él, el creador del festival mas negro.


-Este es tu primer año como visitante de Semana Negra
El año pasado ya fui medio visitante.
-Se vive de manera diferente, no?
Completamente. En primer lugar, y eso tú lo sabes bien, tienes que aprender a no conectar con el día a día del trabajo. El día a día de la Semana era dinamita.
-Desde luego se te ve mucho más relajado.
Absolutamente. Vengo, sonrío, doy palmadas en la espalda. Doy opiniones ilustradas sobre temas que a nadie interesa y sobre los que nadie me pregunta, compro libros, gozo la Semana a nivel de festival. Me preocupaba ver cómo conectábamos con la España de la crisis profunda y, bueno, confirman lo que pensaba desde lejos: Semana Negra es el festival que conecta con la España de la crisis profunda. Las propuestas que sostuvimos durante veinticinco años, ahora, más que nunca, vibran a la vez que una sociedad desesperada: libros baratos, muchos debates, fraternidad entre colegas, solidaridad con los sectores más afectados por la crisis… Estos fueron las razones de ser de la Semana Negra desde el principio.
-Se te acusó de ser muy político en Semana Negra, ¿te molestó?
Yo creo que era la crítica correcta. Yo soy como soy, digo las cosas que quiero decir, le daba al festival un tono muy claro para eso era el director: los festivales tienen un director para que los dirijan, no para simular que lo dirigen y, además, la realidad confirmaba que yo no estaba equivocado. Año tras año se confirmó que Semana era el tipo de festival que queríamos. Queríamos una fiesta popular, ideológicamente muy teñida de rojo, y de reflexión social. Si la literatura no sirve para eso, entonces no sé para qué puede servir. En ese sentido, me mantuve en mis trece, no cedí ni un milímetro que era lo que les molestaba.
-Este año, además, se nota mucho el compromiso de los escritores, como Markaris, Ernesto Mallo, tú mismo y nadie se está cortando…
Nunca se cortaron y ahora menos. Nunca negociamos, nunca nos ablandamos, nunca sonreímos al sistema. Vinimos y dijimos lo que pensábamos y, ahora, más. 
-¿Entendiste alguna vez la literatura como una manera de divertirse?
No. En principio no tengo nada en contra de que la literatura sea material de diversión en el mejor sentido de la palabra. Pero la diversión se puede entender de dos maneras. Se puede entender como desvío de la mirada de la realidad, o mirada a la realidad cargada de humor crítico, sátira. Me parece que no son contradictorias. Yo nunca vi contradicción entre la feria y el festival. Nunca la vi, nunca la quise ver y, cuando me la señalaron, me negué a aceptarla. Cuando nos acusaron de estar plagados de churrerías, yo dije: “Bueno, sí, ¿y qué?” Y que si no les gustaba se equivocaron de festival, y podían volver a las aulas universitarias. Este no es su lugar. No hacemos festivales para todos. Como diría Blas de Otero: “Hacemos festivales para la inmensa mayoría”.
-El año pasado se pudo y se quiso acabar con Semana Negra.
Se intentó y no era la primera vez, era la décima.
-Pero, quizá, el año pasado se pasó más miedo.
No demasiado, aprendimos a vivir en este clima de lo hacemos año a años, si el año que viene no nos dejan, se acabó, la ciudad se lo pierde. Cualquiera que niegue que este festival es fundamental para Gijón, cualquiera que niegue que la Semana Negra es un referente internacional de un modelo de festival nuevo, creo que debemos discutirlo con gusto. Estoy dispuesto a darle “palos” a todo el que se arrime. Y ahora, aún más, en mi condición de director retirado.
-Además, le han salido muchos hijos a Semana Negra.
Por todos los lados.
-Es un orgullo, ¿no, Paco?
Claro, claro. Y no sólo eso, mi gran orgullo es haber creado un equipo que puede pasar de mí olímpicamente y sigue con el mismo modelo de festival con toda coincidencia, con la misma malicia que siempre. Ese es mi gran orgullo: haber creado un equipo que está detrás de una propuesta, no detrás de una persona.
-¿Cuántos libros traes este año a Semana Negra?
Uno nada más, aunque dentro de poco en España saldrá otro.
-¿Qué te mueve para seguir escribiendo?
Si no escribo me muero, directamente. Mientras tengas cosas que contar, las contaré. Cuando no tenga nada que contar, me dedicaré a vivirlas. Este año traigo el cómic Pancho Villas toma Zacateca. Soy autor de un cómic, estoy orgullosísimo. 
-Si ahora tuvieras que volver a montar Semana Negra…
No me hagas eso. ¿Qué te he hecho yo para que me hagas eso? Te he invitado cuando eras periodista joven, cuando eras pequeña… No me hagas eso (ríe).
-Bueno, imagínalo. ¿Qué harías diferente, qué incluirías, de qué prescindirías?
Incorporaría los videojuegos. Me parecen una vertiente de creatividad muy potente que nunca tratamos.
-Debes ser de los pocos escritores considerados “serios” que defiende los videojuegos.
Sí, claro. Yo estoy en el ranking mundial de “Civilización II”. Uno está lleno de sorpresas: aparte de dar mítines subversivos , estar construyendo el gran partido de la izquierda mexicana, dedicándole veintiocho horas de las veinticuatro, escribir un cómic, y venir de invitado a la Semana Negra, o la feria del libro de Los Ángeles o a la de Panamá, a la que voy en un par de semanas, estoy en el ranking mundial de “Civilización II” (ríe de nuevo). Y soy el biógrafo del Che, jódete. ¿Sabes cuál es la clave? Muévete a tanta velocidad que cuando salgas en la foto, salgas un poco borroso. 
-Si fueses español, o vivieses en España, ¿harías el mismo tipo de literatura? Ya sé que ser de una u otra parte nos determina.
No. Estoy muy marcado por mi vivencia mexicana. Aquí, en España, estaría buscando vetas que no se están buscando. Estaría intentando hacer la nueva novela de aventuras.
-¿España es un país de aventuras?
No, España es un país sin aventura, por eso hay que escribir novela de aventuras. España es un país en el que el conservadurismo tocó el fondo y el fondo no es la propuesta política conservadora de la derecha y de la izquierda, es la propuesta conservadora del ciudadano: voy a diseñar mi vida, voy a tener dos hijos, uno hembrita y el otro machito, si van a llamar Mariló y José Luis y voy comprando el piso para dentro de cuarenta años haber pagado la hipoteca y él va a trabajar de súper numerario en el ayuntamiento. Ese modelo que no tiene que ver con el bienestar, sino con la rutina y la vida obligada, caló profundamente en esta sociedad. A esta sociedad el franquismo le mató el alma, no sólo le mató la organización social. Asturias fue en los años 30, y te lo digo porque acabo de reescribir el libro del 34 y fue pasión pura escribir ese libro, fue la efervescencia de la clase obrera culta, activa, pensante, solidaria, fraterna hasta la muerte o la locura. Aquí la ilustración no la hicieron los ricos, ellos sólo compraron cuadros y los escondieron en las partes oscuras de sus casas; aquí la hicieron los orfeones populares, las bibliotecas del pueblo, las conferencias en el prau comiendo tortilla y leyendo a Bakunin… Aquí la ilustración fue proletaria y maravillosa, y el franquismo mató esta voluntad del cambio profundo, del pensamiento utópico, que está íntimamente ligado a la novela de aventura. Por eso, yo estaría escribiendo novelas de aventuras.
-¿Qué culpa tienen los escritores españoles?
Ninguna. Ahí, cada cual que se rasque sus piojos con sus propias uñas. Hubo una generación de escritores en España que quería contar y fue desgastada por el tiempo, por la sociedad del pseudo-bienestar, el best seller, el mercado, los cócteles en las editoriales, los mecanismos de venta y una buena parte se desgastó. Si Vázquez Montalbán estuviera entre nosotros te estaría diciendo lo mismo que te estoy diciendo. De ellos han sobrevivido los que andan por Semana Negra, los que cultivan “literatura de género”, los que van a las esquinas para contar el centro, los que hacen ciencia ficción, fantasía, la historia, la policíaca una manera de atacar la supuesta centralidad del bienestar que se está cayendo en pedazos. El teatro se está yendo a la mierda. El decorado de la sociedad española se está desmoronando. Pero, en el proceso, se llevó la gloria.
-¿Crees que puede la literatura, si no salvarnos, ayudar a que el ser humano salga de esta crisis no sólo económica, sino también intelectual y espiritual?
Un buen libro te cambia la vida, partamos de ese supuesto. ¿Por qué te digo esto? Porque lo sé. A mí me han cambiado la vida cientos de libros. Me la cambiaron mucho, un poco, me la cambiaron con efecto retroactivo, la frase se quedó y volvió con el paso de los años, la reflexión estaba ahí, los fantasmas que me dejó viven conmigo… En esa medida, los buenos libros construyen pensamiento crítico y, con esto, no te quiero decir los que explícitamente son libros que hacen grandes narraciones épicas. Incluso las narraciones minimalistas construyen pensamiento crítico. Esta sociedad necesita como nunca pensamiento crítico y pensamiento utópico. 


10.7.13

Desmontando la lujuria

(Texto y fotografías: Laura Muñoz Hermida)


DESMONTANDO LA LUJURIA
La lujuria es la causa directa del nacimiento, que es la causa directa del dolor y de la muerte.
(Jack Kerouac)


Vicio SN.
Pecado.
Perdición. 
Solo será capital si es capaz de dar origen a otros. Su magnitud no importa... 
¿Eres tú, Lujuria?



Ernesto Mallo 
Lo que es malo para la sociedad es bueno para la literatura


Si quieren saber el modo en que ha mutado la violencia de la sociedad argentina, escuchen al "Perro" de Ernesto Mallo. El autor bonaerense ha viajado hasta Gijón para presentar en Semana Negra "Los hombres te han hecho mal", la tercera obra de la saga Lascano: Prostitución. Mercado. Redes de tráfico. Y una denuncia clara a la trata de personas.

Mallo declaró en rueda de prensa que los estamentos políticos y de las fuerzas policiales, así como personas influyentes de la sociedad que se desentienden e, incluso y sobre todo, los clientes son los disparadores para que el negocio de la prostitución nazca y crezca. "Nadie quiere dedicarse a eso". 

El título escogido no es casualidad: para retratar la responsabilidad de los clientes que demandan y contratan los servicios de prostitución, Ernesto optó por uno de los versos contenidos en "Milonguita", tango compuesto por Enrique Delfino y Linning en los años 20, donde se "canta" la vida de un prostituta.
A decir verdad, parece que nada en la carrera literaria de Mallo lo es, habiendo tenido varias coincidencias en el tiempo entre sus novelas y hechos importantes. ¿Premonición? Prueba: El mismo día que condenaron a Menem se presentó "Me Verás Caer", la ficción que cuenta los diez años del menemismo y que es la última obra publicada de Mallo.

Para terminar, Mallo da información del que considera "hijo bastardo de la Semana Negra": BAN!, que celebrará su segunda edición el próximo mes de agosto en la ciudad de Buenos Aires. Hermanados, acuerdan un premio que se podría considerar de intercambio. Se trata del Premio SN-BN que va así:  entre los autores españoles que participen en la Semana Negra, el premiado recibirá una invitación para al festival Buenos Aires Negro (BAN), y un autor argentino, participante en Buenos Aires Negro, será invitado a la siguiente edición de la Semana Negra. Pueden consultar las bases aquí.




Simon Scarrow
Las emociones son las que mueven el mundo

Dos nombres. Águila y revolución. La primera ambientada en el siglo I y la segunda en la época napoleónica. Culpables de todo: las sagas con firma Scarrow que han convertido a su autor en u fenómeno en el campo de los ciclos novelescos de narrativa histórica.
Simon utiliza la novela de género para advertir de los errores cometidos en el pasado, una alerta a sus lectores para que, en la medida de lo posible, no se repita. Es, dice Scarrow, una herramienta que no solo acerca al lector a la realidad, sino que aporta cierto sentido a nuestra presencia en el mundo.

Simon Scarrow comparte con la prensa española el arranque de su carrera, en su niñez. El hecho de querer ver y sentir la reacción de los demás como lo hizo entonces, cuando escribía cuentos por entregas para sus compañeros de internado. Disfrutaba alargando los finales y viendo esa suerte de desesperación en los ojos que lo leían. Realmente y sin demasiado disimulo, Scarrow aboga y defiende por los contadores de historias, algo que ha intentado inculcar a sus hijos que, de hecho, empiezan a hacer sus pinitos en el mundo literario.

Este británico nacido en nigeria aún se sorprende al darse cuenta que su amor a la literatura es superior y de hecho, ganó por goleada, a su pasión por al docencia. Y ahí va, escribiendo sobre Roma y dibujando un puente entre el pasado y nuestro hoy, sin dejar de obviar las coincidencias entre ambos "mundos". Destaca los "grandes paralelismos que hay entre el Imperio romano y Estados Unidos"

"Estoy harto de las historias de magia y zombis" es lo que responde cuando le preguntan por lo reiterativo de sus escenarios.

Y toca volar de Roma a Gijón para disfrutar, a ras de arena, de la nueva tarde de actividades entre carpa y carpa.


Jon Arretxe está en Semana Negra para presentar su última novela "612 euros"
Jon Arretxe firma un "612 euros" a Elia Barceló

Presentación "Astilleros en el arco atlántico: trabajo, historia y patrimonio"

"La última batalla" de José Javier Abasolo. presenta Ángel de la Calle

Félix de la Concha entrevista y pinta a Leonardo Padura

Miguel Barrero presenta "En tierra de lobos" de Luis García Jambrina

Encuentro con Simon Scarrow 

Luis Artigue y su "Clubla Sorbona". presenta Miguel Barrero

Encuentro con Ernesto Mallo

Mauricio-José 

PIT II

PIT II y Cristina Macía



¡Desmontemos a l@s lujurios@s!
¿De qué características dotas a tus personajes femeninos/masculinos para que resulten atractivos?


Fernando Marías: De incertidumbre metafísica y abdominal.

Marcelo Luján: Las heroínas de mis libros tienen todo lo que me gusta en una mujer. Lo más curioso: no sé si lo hago de un modo consciente.

Juan Carlos Chirinos: No lo había puesto en palabras nunca, así que aprovecho para decirlo: curiosidad, inteligencia y sensualidad; más bien, ganas de tocar, de saber.

Alfonso Mateo Sagasta: Sentido del humor.

Horacio Convertini: El atributo número uno es la determinación. Que estén decididos a ir a la cama como si se tratara de una operación suicida. Si ellas tienen buenas tetas, mejor. De ellos me preocupo menos en la descripción física. Suena sexista, ¿no?

Ernesto Mallo: La pasión y ejercitarla sin freno.

Rodolfo Santullo: Busco que sean creíbles. No paso de dotarlos de dos o tres características básicas y los desarrollo desde allí, queriendo que sean coherentes con lo presentado. Me parece que sin sólidos en su definición y carácter, serán atractivos al lector. Incluso los más despreciables.

Lorenzo Silva: Una pizca de cerebro suele ayudar.

Juan Miguel Aguilera: En una novela me gusta la tensión sexual más que el sexo explícito. Y también el tipo de situación en la que un personaje seguro de sí mismo se encuentra con otro que lo supera de algún modo, y la relación se convierte en un desafío.

Alberto González Ortiz: Mis personajes no son atractivos, en absoluto. Son gente normal. Físicamente, si quiero que destaquen, siempre me fijo en su sonrisa. Siempre.

Víctor del Árbol: Crear personajes contradictorios me fascina. Creo que eso los hace atractivos. Dicen una cosa, hacen otra, y en medio están sus intenciones. Misteriosos, amantes voraces unas veces, muy sexuales. Melancólicos y sutiles otras.

Carolina Solé: De carácter e inteligencia (que no tiene por qué ser social). Creo que esos dos atributos pueden convertir a alguien en irresistible. También los diálogos, sus respuestas y elecciones los hacen reales, a veces tópicos, pero siempre con personalidad y carácter propios. Y luego está esa tensión sexual no resuelta que sube la temperatura de las escenas entre personajes y no deja al lector indiferente. 

Edwin Umaña Peña: Me gusta que los personajes femeninos  sean ambiguos, cuanto más ambiguos más poderosos son para mí, con un lado oscuro muy presente y un voraz apetito sexual.   Y si además tienen personalidad, deambulan entre la seguridad y la inseguridad, desafían el ego masculino y l as normas sociales de la "gente de bien", pues mucho mejor.
Me gusta que los personajes masculinos expresen su debilidad, sus dudas, que sufran, lloren, se lamenten por su incapacidad de estar a la altura de la mujer al darse cuenta que sexualmente siempre serán inferiores.  Si en ese viaje que implica su aventura en una novela o un cuento sale a flote su lado femenino, mucho mejor.

Félix Ángel Moreno: No son personajes lascivamente despampanantes.  Intentan cautivar al lector con el misterio que los envuelve, la timidez, la inteligencia, la humildad, la serenidad en sus actos…

Luis Artigue: De identidad propia. Y es que los personajes, como las personas, nunca son mas atractivos que cuando son ellos mismos. 

José Javier Abasolo: No les doto de ninguna característica especial, no quiero hacer superhombres o supermujeres sino describir personas con las que el lector pueda identificarse, no sólo personalmente, sino como alguien que podría ser de su barrio o ciudad. Y en nuestro entorno hay gentes con características diversas, y cada uno atrae (o repele) por motivos diferentes.

Sergio Mira Jordán: Intento darles a mis personajes verosimilitud, credibilidad, en lo que hacen y dicen. Y en ello estoy, practicando mucho para conseguirlo.

Emilio Bueso: Pues mira, resulta que en el libro que mando a imprenta en tres semanas el malo es un indio que tiene entre las piernas una máquina de matar, un cacharro que abulta como dos palmos. Si eso no es un rasgo lujurioso...

Laura Estévez: Me gustan los contrastes. La protagonista de "Fuera de juego" muestra una seductora candidez en muchísimos temas, como el amor o sus conocimientos futbolísticos, mientras se enfrenta con entereza y valentía a una peligrosa mafia que amaña partidos. En la novela en la que estoy trabajando, que tiene muchísimos personajes, tienen en general un contrapunto a sí mismos: un serio y adusto soldado alemán que se desvive por su bisnieta, una insolente viuda republicana que se vuelve sumisa si de sus hijos se trata, una rebelde e independiente profesional que no supera sin embargo su amor por un hombre casado...

Eloy M. Cebrián: Hago lo que puedo para construir personas en lugar de personajes. Creo que ahí residiría su principal atractivo. Que al lector le apetezca tirárselos o no ya es cosa de cada uno.

Rafael Marín: Son tristes, solitarios, melancólicos, reflexivos, perdedores. Como todos nosotros.  

Carlos Quílez: Intento hacerlos más sugerentes que explícitos. No sé si lo consigo. Mis personajes no son asexuados pero tampoco me empecino en hacerlos, en este sentido, demasiado explícitos.

Ignacio del Valle:  La capacidad de adaptación siempre ha sido sexy. 

Dolores Redondo Meira: Me gusta que mis personajes tengan una mezcla de fragilidad y fuerza que a mí me resulta muy sexy.

Jon Arretxe: Intento que sean cercanos, creíbles, y que le caigan bien al lector, que este les coja cariño, a veces dándoles un aire de vulnerabilidad

Javier Negrete: Procuro que las mujeres que quiero presentar como atractivas tengan imaginación, que se insinúen, y que disfruten de sus propias sensaciones.

Susana Hernández: Me interesa mucho la sensualidad en mis textos, la tensión sexual. De hecho creo que es una constante.  El personaje femenino más sexy que he creado es Malena y el masculino Terim, el masajista turco de Vázquez. Son personajes con una carga sexual fuerte, que atraen. 

Andreu Martín: Procuro hacerlos humanos. Procuro dibujar aquellas personas, hombres o mujeres, de las que me gustaría enamorarme. 

Pedro Tejada Tello: Los personajes de mis relatos son un tanto peculiares (un esputo, una pieza de ajedrez, una monja, un hispanista violador) y su atractivo también radica en su rareza: Buba es un gigantón senegalés, reputado hispanista en sus ratos libres, que mientras sodomiza a sus víctimas recita a Miguel Hernández.

Sabine Hofman: Inteligencia, vivacidad y algún defectillo. 

Rosa Ribas: Alguna imperfección que los haga únicos.

Noemí Sabugal: Casi todos están bastante perdidos, pero dudo de que eso resulte atractivo. En cuanto a las características físicas a veces ni siquiera las considero. Puedo destacar, eso sí, sus gestos o que mira de tal o cual forma, pero el lector puede decidir si los ojos son marrones o azules.

Alexis Ravelo: Experiencia. En el sexo, como en todo, la veteranía es un grado.

Ana Merino: En "Amor: muy frágil" (Reino de Cordelia, 2013) mi obra de teatro, son apasionados y sensuales.

Susana Vallejo: Me gustaría poder decir que inteligencia e independencia, pero en realidad depende de cada libro. Cada personaje resulta atractivo por razones diferentes. Cada historia y, sobre todo, cada personaje, marca las normas. Así que su atractivo es distinto en cada novela.

Gonzalo Garrido: De humanidad. El lector debe poder tocarlos, identificarse, sufrirlos, insultarlos... Lo demás es mentira y se nota.

Miguel Barrero: Ésta es fácil: procuro que todos se parezcan a mí.

Silvio Galizzi: No soy muy original: ¡buenas tetas!

Guillermo Saccomanno: Deseo. El atractivo siempre tiene que ser el deseo, ya sea de poder, de sexo, económico. De lo que sea pero deseo.



Infinitas gracias a todos los rehenes que, queriendo o sin querer, (me) pusieron el secuestro fácil.